NECRÓPOLIS

Necrópolis de Taniñe

Es la Necrópolis de Taniñe motivo con mayúscula de la celebración del Centenario de Blas Taracena en su faceta altomedieval, pues es en esta necrópolis tardía en la que interviene por primera vez en noviembre de 1924, junto con la de Suellacabras, aunque en esta última ya lo había hecho unas décadas antes su abuelo Lorenzo Aguirre.

Al describir el acceso a El Castillejo de Taniñe (véase este castro en el listado correspondiente de cultura castreña), ya señalábamos en su ruta como uno de los hitos de la misma el paso por la necrópolis antes de alcanzar el castro. Partiendo del pueblo de Taniñe saldremos por camino de herradura dirección norte, que asciende por su margen izquierda el barranco de la Canal. A poco menos de 300 m, camuflada entre la broza existe una vieja fuente abandonada y olvidada; es aproximadamente a partir de ahí donde hay que buscar el lugar de las primeras tumbas que indica Taracena.

La primera era una múltiple, más amplia de lo habitual pues incluía cinco cadáveres. Siguiendo el ascenso barranco arriba, y en unos 300 m, localiza el resto de inhumaciones en sentido sur- norte, y situadas alternas dejando un pasillo entre ellas de unos 2 m, que interpreta como vial, quizás siguiendo la tradición romana de colocar las tumbas a los lados de las vías de entrada/salida de ciudades, pueblos y aldeas. Este camino pasaba al otro lado del barranco, para tomar dirección oeste hacia el vecino valle del Cidacos y Yanguas.

Taracena enumera once tumbas, incluyendo la múltiple situada al sur, todas delimitadas por lajas sobre las que también descansaba el difunto y cubrían la tumba. Aún son visibles en algunos puntos grandes planchas de piedra que han de asociarse a estas tumbas, algunas de las cuales parece que fueron reaprovechadas en un gran canal construido hace algunas décadas y hoy abandonado. Tenían orientación norte-sur, y en ellas aparecen clavos y escarpias, indicio de la existencia de ataúd.

En 7 de las 11 tumbas que describe Taracena aparecieron elementos de ajuar. Algunos de estos elementos fueron interpretados como armas, concretamente 4 puntas de lanza y un hacha de combate (una francisca). Otros se han relacionado con elementos de la vida cotidiana como un vasito de terra sigillata (cerámica de mesa romana) y copas de vidrio. También elementos de ajuar personal como una hebilla de bronce y un pendiente de plata.

Tradicionalmente se han asociado estas necrópolis denominadas “del Duero” a un componente militar por las armas que incluyen, como las lanzas y, sobre todo, por la francisca, hacha de combate arrojadiza frecuente en tumbas de guerrero centroeuropeas. Es por ello que se hablaba de limitanei (militares que controlaban una frontera o limes) en los complicados tiempos de finales del siglo V y VI. Hoy el concepto de frontera para las necrópolis del Duero ha perdido cierto crédito en la investigación, incluso el carácter militar y, en cierto modo, germánico. Sin descartarlo, se incide más en la tradición hispanorromana, pero siempre desde la complejidad de unos tiempos en los que convivía la inercia de este poderoso substrato con los aportes del pujante poder visigodo.

Texto: Eduardo AP.
Imágenes: Eduardo AP, Juan Antonio G-B, Blas TA.
Bibliografía básica:
Taracena Aguirre, B. (1926): Excavaciones en diversos lugares de la provincia de Soria.
Gómez Barrera, J. A. (2016): Blas Taracena Aguirre (1895-1951).
Dohijo Gutiérrez, E. (2024): “Suellacabras y Taniñe. Disertaciones sobre dos necrópolis excepcionales, tras más de un siglo de su descubrimiento”, Oppidum. Cuadernos de
Investigación
, 20. 89-123.

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